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12 de enero de 2014

Vagos recuerdos.

Imágenes, momentos, palabras, sonidos, golpes duros y cicatrices aún abiertas que revolotean por mi cabeza y siguen abriéndose paso entre las arterias que llevan a mi pobre corazón. Ese corazón marchito, malherido y resistente que no deja de latir un día más para demostrarme que tengo que ser fuerte y que me queda mucho por vivir. Cicatrices que a esos insensibles no les importó hacer sobre mi piel y que aun que se haya escondido la marca bajo esta caucásica epidermis el dolor que me produjo sigue reluciendo a plena luz de este oscuro día. Días como hoy en los que despierto de una mala noche con sudores y pesadillas y que me gustaría olvidar quien soy y de dónde vengo. Pasar el día en la cama con la única compañía que estas tristes letras que ahora suenan en el reproductor. Día a día me hago camino entre la gente con mi Ipod sonando rap y hip hop, tapada con la bufanda hasta los ojos y inmersa en este mundo de ficción en el que me introduzco cada vez que pongo los auriculares en mis oídos. Deshaciéndome del ángel y del demonio de mis hombros voy alejándome de todas esas voces de mi cabeza que me indican cuando voy a caer otra vez por ese precipicio que me ahoga y en el que me mantengo en el borde sentada viendo la vida pasar. Olvidando cada día más los detalles más insignificantes y rememorando las fechas más dolorosas que causaron estragos en esta enfermiza mente. Fluyo bajo mis sábanas como las rimas en la base de este rap que me acompaña y que me inspira intentando olvidar, intentando desconectar un día más. Cada día más atea, creyendo en nada, solo teniendo fe en mi y en las consecuencias de mis actos. Más solitaria y más enganchada a esta mierda que son los recuerdos. Su voz, su risa o sus gestos cada vez más difíciles de recordar, sintiéndome indiferente hacia esos comentarios de los que quieren herirme. Muchos creyeron conocerme, muchos creyeron que era fuerte y otros muchos me vieron caer sobre mis rodillas una vez más.
Creciendo y madurando un año más, empezando otra vez el mes de Enero, más frío que el anterior y a la vez mas solitario, por esas personas que van alejándose de mi vida sin causa justificada. Imagino ser otra, más guapa, más lista o más afortunada, imagino que me río de todos aquellos que me dijeron que no podría conseguir lo que me propusiera y les enseño el dedo corazón. Luego despierto de ese pequeño coma en el que me había sumergido y abro los ojos con esas lágrimas que deben estar hechas de ácido por que me queman cuando huyen por mis mejillas.

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