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30 de noviembre de 2013

Hielo y fuego.


"Amanece tan pronto y yo estoy tan solo 
y no me arrepiento de lo de ayer."

Ella era la típica chica del montón, ella era tímida, callada, silenciosa, pero en su cabeza siempre había un pequeño desorden, siempre le habían sobrado los pájaros en la cabeza. Vivía feliz escuchando hip hop y alternándolo con música lenta en los caminos largos. Odiaba el alcohol, los borrachos, la cerveza, y el café. Había tenido sus épocas más.. "rockeras", pero ya era agua pasada. 


Mentía y manipulaba a los hombres para conseguir lo que quería, y no le importaba nada los sentimientos de los demás. Ellos habían jugado con ella, pero ella aún estaba vengándose a costa de los demás. 19 años, pelirroja, y de piel pálida, casi una diosa, una diosa con un toque de maldad, como Inanna.  Quizás fue él quien le hizo sacar la maldad que llevaba dentro.


Todo empezó cuando ella hablaba con él a escondidas, riendo a través de una pantalla con sus comentarios, pensando en que le gustaría conocer a la persona que se ocultaba al otro lado de la pantalla, y analizando cualquier detalle en el que se pudiera fijar, leyendo una y otra vez su descripcion hasta casi poder recitarla de memoria.


Es curioso, pero cuanto más difícil nos ponen las cosas, más nos gusta, más nos llama la atención y más intentamos que sea nuestro. Nos empeñamos por querer que alguien sea nuestro, que nos pertenezca, que sea en exclusiva para nosotros, sin pararnos a pensar en que hablamos de personas, como tú y como yo. No podemos retener a nadie por la fuerza, así que por mucho que alguien acepte ser nuestro, siempre será solo por un determinado tiempo, que es el que la otra persona quiera sentirse "de la propiedad" del otro.


Como os iba contando, ella era una chica más, acostumbrada a pasar desapercibida entre los hombres, pero a los que ella cautivaba con sus palabras, siempre tenía un motivo para deshacerse de ellos, siempre pedía demasiado en un chico, altura, edad, mínimo de cultura general, físico, etc...

Pero ninguno era como ella quería, toda la vida buscando a un chico perfecto para dejar de manipular a los demás pero siempre acaba ella siendo la herida y la que volvía a arder en deseos de vengarse.

Hasta que pasado un tiempo volvió a hablar con él, con ese chico al que no quería hacer daño por que simplemente lo veía como un amigo más, y al que apreciaba. Quizás fue ese aprecio singular lo que le hizo querer verle, quizás fue su manera de sonreír, o de morderse el labio inferior. Había algo en él, que le ponía los pelos de punta, no era amor, ni mucho menos, quizás atracción física, o simplemente que el fuera tan diferente y que ella, no pudiera manipularle por que todos esos viejos trucos, él se los sabía de sobra.


Y así pasaron las horas, hablando de tonterías, preguntándole por su vida sin obtener respuesta, riendo por cualquier chorrada y sonriendo al verle sonreír, lo cierto, es que ella sabía que no habría nunca ninguna relación amorosa, y le gustaba saberlo, por que sabía que si había algo entre ellos, él ya no sería el mismo al que conoció. 


Sabía que si él, ese chico extraño con secretos, que no decía lo que pensaba, y que parecía tan complejo de entender, acababa sintiendo algo desaparecería de su vida. Y lo cierto es que se planteó varias veces intentar cambiarle de opinión, pero aceptó que si le quería seguir viendo morder su labio, tendría que aceptar las condiciones del juego que él había impuesto.


Digamos, que poco a poco percibió que comenzaba a sentirse diferente, como si hubiera madurado de repente, como si hubiera salido del huevo, que tendría que sacarse las castañas del fuego ella misma. Sentía como si hubiera ganado dos años de repente. Se sentía tan bien en el bar con una de esas "odiosas" cervezas en mano, con el calor que el recinto proporcionaba y con esa música de fondo que no conocía de nada



Dicen que todos tenemos un pequeño demonio dentro, que salga o no ya depende de la gente con la que nos juntemos o de con qué nos criemos, ella le dejo salir, incluso teniendo en cuenta todo lo que ello requería y los peligros que debería tener en cuenta. 

El sexo con él era liberador, era la mezcla de dos almas perdidas, una de ellas bien fingida bajo el cuerpo de una chica invisible para el resto. Ella era tan fría y el tan caliente que equilibraban la balanza perfectamente. El la hacia sentir viva, le hacia sentir bien, feliz y con ganas de comerse el mundo. En ese momento ella no se parecía a Inanna, ella, era Inanna. 

Besos apasionados en cualquier rincón, en cualquier callejón, incluso en mitad de un bar, o besos cómplices y robados de repente. Caricias de fuego sobre la mejilla de ella, y arañazos de gata en la espalda de él. Dos cuerpos unidos que se sentían tan bien que era imposible pararlos.


Quizás por mucho que él le advirtió de que se alejara y por más que le insinuó que acabaría haciéndole daño inocentemente, no sirvió de nada, por que ella no le escuchó y siguió avanzando casillas en ese juego donde se había involucrado. 


"I know you told me I should stay away 
I know you said he's just a dog astray-ay 
He is a rebel with a tained heart 
And even I know this ain't smart 

[...]And this type of love isn't rational, it's physical 
[...]All reason aside, I just can't deny 
I love that guy"

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