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22 de julio de 2013

Mis pilares de la tierra.

Hace tiempo que quería volver a escribir algo, algo para desahogarme, algo de esto que hago yo en los que espero que gente como yo se sienta identificada. ¿Sabéis? a veces me gusta pensar que hay alguien al otro lado de las pantallas que me lee y piensa en quien soy, si lo que cuento es verdad o no sé un "fan" de esos que tienen los modernos. Quiero hablaros de ellas dos, a las dos personas o las dos mujeres a las que no voy a olvidar nunca por muy lejos que estén y aunque ya no las pueda ver.

Una es mi abuela, esa señora mayor que se marcho cuando aun era joven, una adolescente fácilmente manipulada por cualquiera que no supo aceptar la perdida de su segunda madre. Cuando ella se fue todo se volvió negro, supongo que no estaba preparada, ella era mi abuela materna y su marido/mi abuelo murió antes de que yo naciera, por lo tanto podría decirse que no lo llegué a conocer. Mis abuelos paternos y yo no nos hablamos, aunque ellos no es de los que quiero hablar. Muchas veces miro la foto de mi abuela la cual tengo en una foto con sus plantas en el escritorio delante de mi y llorando le pregunto: "¿Qué hago ahora abu?, he tocado fondo, otra vez más." Pero ella me da las fuerzas que necesito para seguir adelante y arrasar con todo. Aunque mi abu marchara hace ya unos años para mi sigue aquí a mi lado, cuidando y protegiéndome. Me gustaría que estuviera aquí para ver a mi sobrino Yeray, que de ese bichejo también quiero hablar, me encantaría que soplara conmigo las velas de mi dieciocho cumpleaños y que me abrace. Quiero contarle mis movidas y escuchar ese consejo de abuela, o sentir uno de esos abrazos cálidos de los que los nietos hablan. Es una pena pero muchos nietos no se dan cuenta de lo que realmente vale una abuela y de lo que nos aman, solo los que no tenemos o los que no podemos disfrutar de ellos somos los que lo entendemos, y me parece penoso, la verdad. Pero estés donde estés abu, quiero que sepas que yo siempre te querré y que no te voy a olvidar nunca.


Luego está la otra mujer de mi vida, mi mejor amiga, mi pequeña Christina.
Mi mejor amiga, de ella también os he hablado mucho, de como se alejo de mi vida para irse a vivir a Dinamarca hace ya un año, ha pasado su segundo cumpleaños lejos de mi y eso me ha matado por dentro.
Necesito sus consejos sobre el amor, sobre la vida, sobre todo, porque ella era mi cura, con ella me confesaba, aunque no hacia falta porque solo verme los ojos sabía lo que pensaba y eso no lo he conseguido con nadie más, nunca. Joder, como la necesito. Mi pequeña no llora nunca, ya tiene que pasarle algo gordo para que llore. Recuerdo sus dolores de cabeza, sus ojos verdes llorosos por el dolor y su cara de pena cuando quería la mitad de mi bocadillo de fuet y me tocaba repartir mi almuerzo con ella, recuerdo ir camino a clase con un casco cada una cantando a las 8 de la mañana. Supongo que algún día volaré a Dinamarca para volver a abrazarla, porque tenemos una promesa de mirar a la luna todas las noches y sonreír al pensar que estamos viendo la misma y no estamos tan lejos. Aunque me duela recordar los últimos abrazos y besos que nos dimos en su patio la noche antes de irse.
Rubia para ti también tengo un mensaje: Te quiero mejor amiga, gracias por 16 años aguantándome y por estar al pie del cañón, no me olvides nunca por favor que yo no lo haré.





A esas dos mujeres, a mis pilares de la tierra, os quiero y no os olvido.




"Hace tiempo que quería volver a escribir algo, algo para desahogarme"  Sí, algo como esto.

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