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14 de enero de 2026

Recuerdos de mí

 No pensaba que volvería a sentarme frente a esta pantalla, hace tanto que dejé de ser adolescente que pensé que ya no tenía sentido seguir escribiendo. Por desgracia esos nubarrones negros que tantas veces anidaron en mi cabeza no se han ido, quizás se dispersan de vez en cuando, pero nunca se van del todo.

Sería injusto decir que he tenido una vida infeliz, he tenido muchos momentos felices en los que he reído hasta llorar y sentir el flato y ese irremediable dolor de estomago de tanto reir sin gestionar bien el aire que entraba y salía de mis pulmones. 

Aun así, mi vida ha estado marcada por muchos momentos que lejos de ser felices, me han hecho hundirme más mientras yo intentaba salir a flote. Cuando era una cria y solía pensar que el fin del mundo venía acompañado de dejar al en aquel momento proclamado "amor de mi vida" y ahora con una mirada desde otro angulo veo cuan equivocada estaba. 

Hay tantas cosas que me gustaría que fueran diferentes, que he soltado las riendas de mi vida y siento que voy cuesta abajo y sin frenos como le gusta decir a una buena amiga mía. Y justamente por que hay tantas cosas que cambiar, me agobio y no empiezo por ninguna. Y sí, sé que estáis pensando: ¿Pero esta tía porqué no va al psicólogo y se deja de gilipolleces en blogs que no lee nadie?. Pues porque siempre me he considerado suficientemente fuerte e independiente para pensar que podía con todo yo sola y que era capaz de superarlo todo, que si decía a mis padres que necesitaba terapia se preocuparían, sería la rarita del grupo y mis padres tendrían que cargar con otra carga económica (aunque lo hubieran hecho sin pensar por el bien de su hija) pero siempre me ha dolido pensar que era una carga.

Consejos vendo que para mí no tengo como dice el dicho, toda la vida recomendando a mis amigas que fueran a terapia y yo sin predicar con el ejemplo. He tenido que pensar para mis adentros que lo único que quería era quererme bien para darme cuenta de lo abajo que estaba.

Y me cuesta horrores abrirme con otros, decirles como me siento, pedir ayuda, pedir consejo, siempre con esa mierda de pensamiento de: "No quiero que se preocupen por mi". Tragando con el dolor sin masticarlo si quiera, para pasarlo cuanto antes. Retrayéndome más y más en mi interior y elevando más muros haciendome inaccesible. 

Hace una década era una niña que escribía historias inventadas sobre mujeres maltratadas y niñas que tonteaban con la muerte buscando la salida "facil", que se abrian en canal hablándo de aquel chico al que habían amado con todo su ser y que extrañaba a su mejor amiga y a su abuela, cada una en sitios distintos.

Hoy soy una mujer que ha sufrido el amar a un hombre que no la valoraba, soy una mujer que ha decidido seguir adelante con los ojos hinchados de dolor y que siente vértigos al mirar desde una altura elevada, que ha amado tan intensamente que ha sentido que el mundo se detenía a su alrededor, que no hay día que no piense en qué pensaría su abuela de ella ahora, y que tiene nuevas amigas a las que contar como era Cris y cómo influyó en su vida su partida.

Aun así, y recién entrada en la treintena, no ando tan lejos de aquella niña que amaba el amor, que odiaba las injusticias y que tenía periodos oscuros donde no veía más alla de la punta de sus dedos. Aún me queda un gran camino por recorrer para que algún día los recuerdos de esta adolescente pasen a ser los recuerdos de una mujer. 

Espero poder contar dentro de otra década que he prosperado, que disipé el nubarrón, que me casé, que tengo hijos/as maravillosos y un trabajo que me encanta. 

Prometo con todo mi ser, que me esforzaré por ello.

Aunque sea lo último que haga en esta vida.