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29 de enero de 2014

Don't be afraid, it's just love.


Patrick Watson - The Great Escape
Y de repente, como un terremoto apareciste tu, con tu calma, con tu tranquilidad, con tu apaciguadora voz y tu inocente risa.

"Recuerdo que al llegar ni me miraste, fui solo una más de cientos, sin embargo fueron tuyos, los primeros voleteos".

Comenzó siendo una simple charla, pero en tus ojos había algo que yo aún no había sido capaz de ver, eres como un perfume de esos carísimos que te compras y que tienes miedo a que un día se acabe y lo pierdas. Sin embargo, como si fueras una ruleta rusa decidí apostar todo lo que tenía por ti. Sentir de nuevo la magia de ponerte nerviosa cuando veo que he recibido un mensaje tuyo. La magia esa que nadie puede ver ni tocar pero que te hace sonreír como una idiota preguntándote dónde está la trampa.

Y aquí me tienes de nuevo, escribiendo para los cuatro gatos que me lean, para ti y para mi. Sonando de fondo Patrick Watson y soñando en como será tu sonrisa o como me veré con tu brazo rodeando mis hombros entre la multitud y este frío que nos hace desear romper con la distancia que nos separa.

Imagino ir al cine contigo y ver una película de drama, o de terror de esas que no te gustan y que yo paso la mayoría del tiempo con los ojos cerrados. O nos imagino tostándonos al sol en una de las playas de la costa blanca. Y luego pienso en lo maravilloso que sería poder hacer eso contigo una y otra vez, contigo a mi lado riendo, sorprendiéndome como siempre cuando me dices algo bonito que no me espero.

Y luego, como una inocente adolescente escribo tu nombre sobre mi mano otra vez con tinta negra, tan oscura como mis ojos. Buscando la luz al final del túnel, confiando en que se acerca San Valentin y podremos cenar juntos a la luz de una tenue vela.

Hay tantas cosas que quiero hacer contigo que empezaré por comerte a besos.

12 de enero de 2014

Vagos recuerdos.

Imágenes, momentos, palabras, sonidos, golpes duros y cicatrices aún abiertas que revolotean por mi cabeza y siguen abriéndose paso entre las arterias que llevan a mi pobre corazón. Ese corazón marchito, malherido y resistente que no deja de latir un día más para demostrarme que tengo que ser fuerte y que me queda mucho por vivir. Cicatrices que a esos insensibles no les importó hacer sobre mi piel y que aun que se haya escondido la marca bajo esta caucásica epidermis el dolor que me produjo sigue reluciendo a plena luz de este oscuro día. Días como hoy en los que despierto de una mala noche con sudores y pesadillas y que me gustaría olvidar quien soy y de dónde vengo. Pasar el día en la cama con la única compañía que estas tristes letras que ahora suenan en el reproductor. Día a día me hago camino entre la gente con mi Ipod sonando rap y hip hop, tapada con la bufanda hasta los ojos y inmersa en este mundo de ficción en el que me introduzco cada vez que pongo los auriculares en mis oídos. Deshaciéndome del ángel y del demonio de mis hombros voy alejándome de todas esas voces de mi cabeza que me indican cuando voy a caer otra vez por ese precipicio que me ahoga y en el que me mantengo en el borde sentada viendo la vida pasar. Olvidando cada día más los detalles más insignificantes y rememorando las fechas más dolorosas que causaron estragos en esta enfermiza mente. Fluyo bajo mis sábanas como las rimas en la base de este rap que me acompaña y que me inspira intentando olvidar, intentando desconectar un día más. Cada día más atea, creyendo en nada, solo teniendo fe en mi y en las consecuencias de mis actos. Más solitaria y más enganchada a esta mierda que son los recuerdos. Su voz, su risa o sus gestos cada vez más difíciles de recordar, sintiéndome indiferente hacia esos comentarios de los que quieren herirme. Muchos creyeron conocerme, muchos creyeron que era fuerte y otros muchos me vieron caer sobre mis rodillas una vez más.
Creciendo y madurando un año más, empezando otra vez el mes de Enero, más frío que el anterior y a la vez mas solitario, por esas personas que van alejándose de mi vida sin causa justificada. Imagino ser otra, más guapa, más lista o más afortunada, imagino que me río de todos aquellos que me dijeron que no podría conseguir lo que me propusiera y les enseño el dedo corazón. Luego despierto de ese pequeño coma en el que me había sumergido y abro los ojos con esas lágrimas que deben estar hechas de ácido por que me queman cuando huyen por mis mejillas.